iceberg
la emoción permaneció largo tiempo sobre lo alto del iceberg. desde allí contemplaba el crujir del mar ante el fugaz paso del lomo de las ballenas, la repentina aparición del pico de una tortuga o el sutil y acompasado ritmo de las aletas de las rayas. una tarde bajó deslizándose lentamente, desde lo alto de su atalaya, hacia las frías y oscuras aguas. buceó día y noche en las entrañas del silencioso océano alrededor del coloso de hielo, danzó junto a medusas y calamares gigantes, persiguió la luz de los peces del abismo y atravesó las fauces de tenebrosos monstruos marinos surgidos de la memoria de antiguos libros de infancia. tras regresar de su viaje la emoción había perdido al menos 5 kilos. aquel día un pálido sol le ofreció tenues rayos de añoranza.


1 Comments:
...y ¿unos pinchitos de morcilla? para recuperar los 5 kilos, pues ya sabes...unos escaloncitos abajo y !ya¡
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