8.9.09

H: huída










de espaldas al océano. atravesando abismos. doblando esquinas. a cubierto en la niebla otoñal, las palabras emprendieron su éxodo en precipitada huída. arrastraban consigo comas, signos de interrogación, exclamaciones, tildes, cursivas. sólo un insignificante punto permaneció rezagado, mudo y tembloroso. desde entonces viaja en mi bolsillo y ciertos días me entrego a darle vueltas entre mis dedos. con el tiempo, de opaco, se ha vuelto casi trasparente. y al mirarlo a la tenue luz del atardecer, me regala mi imagen reflejada.

3.2.09

A: abejarucos







abejarucos. melodías multicolores que conducen mis amaneceres. amarillo, blancos, azul celeste: cromatismo de la guerrilla química maniobrando en un campo de operaciones arteriales. el sistema nervioso central como objetivo militar.

y tarareo a más de cien sueños de distancia.

6.4.08

viaje al mar de los sargazos












[...] mi corazón es mío algunos días
especialmente bellos.

j.e. cirlot
principio

7.3.08

inventando



imagina un mundo sin lápices, sin bolígrafos, sin plumas ni tizas.

imagino, y añado el papel a las ausencias: entonces me tumbaría al sol y me dedicaría a la lectura en el minúsculo y apartado rincón que comparto a ratos con mi perra tras la llegada de la primavera. cada tanto refrescaría mi piel en las heladas aguas del río, me entretendría en perseguir los cantos de las aves entre las ramas, o espiaría la vida (ajena) de la araña y las dos libélulas que lo frecuentan. pero no, sin papel no sirve. bien. en ese caso me tumbaría al sol, sin leer. a coleccionar pensamientos. tampoco. demasiado frío y viento estos días. la cosa se complica. puede entonces que finalmente me dedicase a descifrar los jeroglíficos movimientos de las llamas tras el cristal de la chimenea. o que acabara lanzando al mar sonoros mensajes atrapados en una botella. sí, definitivamente me quedo con la botella: posar las manos alrededor de los labios, soplar un murmullo, una nota, un susurro, una voz, un grito, un eco. anudar veloz el corcho y... voilà: mi voz, expandida y apretada contra las paredes del cristal surcando mansamente los océanos de la luna hasta alcanzar un lugar más acá, o más allá quien sabe, de las estrellas. sencillo.

29.2.08

pájaros de barro



agito las palabras buscando un hilo del que tirar. desenredar el ovillo de imágenes, sensaciones, emociones que se agolpan enredadas, sobre el teclado, bajo las yemas de los dedos - no siempre es sencillo el viaje de las palabras a este lado de la consciencia- sin resistencia hoy al reflejo a veces gris del otro lado del espejo.

incapaz de relatar(me) uno sólo de estos últimos días empiezo a imaginar un registro con el que contarme la(s) historia(s): papeles de colores abandonados bajo la almohada, junto a la botella de leche, en el interior de un zapato -¿cuántos sonidos, cuáles, matizan las olas de grises?- gris océnao. espuma de gris. grises y blancos. y verdes, y naranjas, y azules. [lunes: verde-mar-dehierba. martes: amarillo-artificial y cálido blanco. miércoles: azul-lluvia-deinvierno. jueves: gris-marchito. viernes: melodía anaranjada]

blanco. en algún lugar del norte un idioma desconocido transforma los matices de la nieve en sonidos -si estuvieras aquí pondríamos nombre a todo los verdes, como inuits ante el inmenso blanco. palabras de hace años que apenas reconozco ya como mías- gris y las olas de virginia woolf en la memoria. todos los colores me hacían feliz, incluso el gris. pájaros de barro.

17.2.08

burbujas







junto a la barra de un bar una niña pide besos de agua. ante mi sorpresa, insiste en asegurar que se refería a un vaso de agua. pero estoy segura: eran besos.

27.1.08

días













lunes.
consigo aburrir a los alumnos con una clase sobre la evolución de las especies. la fascinación de la historia de la vida no moviliza el espíritu adolescente.

martes.
una de la madrugada: desperté y el monstruo seguía allí, cita mi acompañante nocturna desde la cumbre del monte iluminado por la luna. fascinadas, contemplamos el océano de luces que repta, majestuoso, amenazador y colosal, cientos de metros más abajo, perdiéndose en el horizonte sobre la llanura. entre las luces no es perceptible el movimiento de los millones de almas que lo habitan. mar interior del otro lado de las montañas.
cinco de la tarde: abro una ventana. mi red de arrastre recoge besos virtuales, bromas y risas, un cielo, palabras de mar, y un mar de palabras arrojadas al torrente de impulsos eléctricos.
diez de la noche: alguien se desploma imperceptiblemente sobre el teclado de un ordenador. despedida fugaz y silenciosa de la vida.

miércoles.
decido emplear métodos de choque: sustituyo el peligro de las travesías y la paciente observación, a menudo próxima al misticismo, del naturalista del siglo XIX por laboratorios farmacéuticos, experimentos con inexistentes arañas gigantes y mutaciones de organismos tropicales capaces de alterar el ritmo de vida del planeta. diana. cuestión de marketing.
jueves.
segunda sesión de yoga. mente vacía. consciencia del cuerpo.
y la música

19.1.08

identidad(es) [en tripletes de ADN]







[painted hills. oregon. 2006]
me gusta(n)

A el vuelo de las tortugas
U el ritmo de las aves
G el mar por dentro

C los trilobites y las diatomeas
G el musgo y las secuoyas
C los dragones y las salamanquesas

U el murmullo de la nieve
G el vaivén de las palabras
A el silencio de los peces
áfrica

9.1.08

terapia







¿qué pasa si juntas un huevo y aceite?.
podía haber preguntando si el huevo pertenecía a un ave, un pez, una mariposa o un dinosaurio. o por el estado y la temperatura del aceite. podía haber imaginado una enorme y tibia extensión de aceite con decenas de huevos de avestruz meciéndose suavemente en el interior del líquido viscoso. pero en aquel momento no se me ocurrió, así que respondí sencillamente: un huevo frito.
debía ser la respuesta correcta porque aquel mismo día me dieron el alta.

5.1.08

magia potagia












las tres reinas magas

la navidad comenzaba el día en que mamá pegaba las siluetas de cartulina del nacimiento en las paredes del salón. aquellas negras siluetas que me recordaban invariablemente las historias de jornaleros y aceitunas del pueblo. de un pueblo de antes de las historias de guerra, que no escuchamos hasta mucho después del día en que mamá nos obligó a los tres a permanecer durante horas sentados sobre la alfombra del salón, ante las imágenes del televisor, observando sin comprender el entierro del dictador y la coronación del monarca.

el mismo día en que aparecían las cartulinas, papa hacía descender del maletero numerosas cajas de cartón. y entonces bolas de cristal y guirnaldas se abrían hueco entre las paredes, ventanas y lámparas; en una esquina de la habitación se estiraba el árbol de colores – a mi familia, tan campera, nunca le dio por traer un árbol natural a casa-, y sobre una pequeña mesa se iban levantando, cada año más numerosos, pastores, lavanderas, rebaños, casas, romanos y camellos. en las ventanas parpadeaban cada noche, incansables, los rojos, verdes, azules y amarillos de las pequeñas luces.

cada nochebuena, sin papa noel, y tras el invariable plato de “carne cosida” que la abuela tardaba en preparar al menos dos días y cuyo punto culminante era el momento en el que todas, como hipnotizadas, mirábamos entrar y salir la aguja de lana de aquel pedazo de carne – sólo un año se decidió variar el menú recibiendo las airadas protestas de la familia al completo-, empezaban los villancicos al compás de la botella de anís, la zambomba, las palmas y las panderetas.

años más tarde serían aquellos villancicos los últimos que hicieron cantar y bailar al abuelo a los setenta y muchos años, totalmente perdida ya, después de más de diez años, la batalla con el alzehimer. y fueron también los únicos que hacían ya reír a la abuela, casi al final de sus días, de pie y aferrada tenazmente a su bastón después de meses en cama tras la cuarta fractura de columna, avanzando a pequeños y pesados pasos contra todos los pronosticos que predecían, ya después de la segunda fractura, que nunca volvería a caminar.

fin de año traía otro alboroto, el del pequeño cohete de cartón que papá hacia subir unos metros por los aires para recibir el nuevo año, y que tras una pequeña explosión desparramaba diminutos cachivaches de plástico, serpentinas y confeti por toda la sala.

pero la magia, la verdadera magia potagia de las fiestas llegaba con la noche de reyes. cada año esperábamos ansiosos el momento de lanzar la carta al buzón y el el 5 de enero al atardecer nos acercábamos caminando hasta el retiro para ver pasar a lo lejos la cabalgata. ya de noche, tras dejar bien repleto el barreño de agua que saciaría la sed del largo viaje de los camellos y preparar los polvorones, el turrón y el anís para los reyes –siempre los sospeché un poco borrachines, porque ¿si en cada casa se tomaban la copita de anís que les dejaban, cómo aguantaban sobrios hasta la madrugada?- empezaban los cuchicheos y las risas en la cama, el esfuerzo por coger un sueño que no llegaba y las frecuentes excursiones al salón a medianoche en pijama. la única noche en la que no era posible ningún miedo a la oscuridad.

el sueño acababa de algún modo llegando y más tarde las primeras luces de la mañana terminaban por iluminar barreño, copas y bandejas vacías, haciendo brillar los primorosos paquetitos de alegres envoltorios con sus notas en las que aparecían, al fin, nuestros nombres escritos junto a la dedicatoria y rúbrica de alguno de los magos.

la noche del 5 de diciembre sigue siendo hoy, a mis más de cuarenta años, la más mágica entre las mágicas del año. feliz noche de reyes.

14.10.07

tiempo de manzanas








relámpago azul
sol de manzanas
- lumbres de invierno-

remo

23.9.07

el monstruo del lago
















si usted fuera una cuerda, el espacio tiempo se vería así: seis dimensiones extra, enrolladas dentro de una forma calabi-yau


descubro que el oscuro monstruo del lago se muestra a veces color turquesa -no es gris, ni negro-
que a menudo, tras una leve caricia, se asemeja al arcoiris
o se vuelve transparente y sabe a caramelo.
bastan las ganas y una sonrisa
y ya.

[escribí sobre el monstruo del lago como ejercicio final de un taller de autoestima. hoy, mientras preparo mis primeras clases -que decidí empezar hablando sobre la atmósfera- me pregunto si no haría mejor en comenzar por lagos y monstruos]

2.8.07

¡escribe!














al estimular la escritura sin importar cómo lo haga cada quien, y al hacer ver que es posible aprender y hacerlo cada vez mejor, se vencen miedos y se desarrollan no sólo la habilidad de escribir, sino también el atrevimiento y la confianza. todo esto configura una transformación positiva de la autoestima. […]

la escritura permite evocar sensorial, emocional, sensual y afectivamente las cosas y posibilita ir integrando nuevas ideas e interpretaciones intelectuales con nuevas experiencias afectivas acerca de lo relatado. escribir es un acto de memoria, de indagación casi arqueológica, y de invención y ocurrencia instantánea. convoca la nostalgia y también el placer del pasado, o de lo que imaginamos en el horizonte. ayuda a encontrar lo sublime, lo gracioso y divertido, lo ridículo, lo extraordinario y lo inadvertido. de manera tangible, permite exteriorizar, sacar del interior, la experiencia vivida, desdramatizarla y ponderarla, al colocarla fuera de la misma, en el papel. después de hacerlo, lo que queda dentro ya no es lo mismo, hemos cambiado.

la escritura puede producir también experiencias de belleza cuando encontramos ritmos, palabras, maneras de decir, cuando hilvanamos un estilo. la escritura es un acto estético cuando ilumina con ese goce la vida y deja percibir sus tonalidades y texturas. […]

Marcela Lagarde y de los Ríos. Claves feministas para la autoestima de las mujeres.

-animo a las y los que andáis preguntandome por este blog a practicar la escritura y a compartir con nosotras vuestros textos. yo de momento creo que pasaré unos cuantos días más en silenciosa fase "puparia" (cuya relación con la fase pupitas no está en absoluto científicamente demostrada). el resultado final de mi metamorfosis será sin duda, y contra todo pronóstico de las leyes de la biología, una larva. o quien sabe si una tortuga. el evento ha sido pronosticado por aylén para el mes de octubre. aunque nunca se sabe. besos.-

ao longe o mar

24.4.07

vuelo

se acerca delicadamente, con suaves movimientos, casi pájaro.
los rayos de sol se entretienen en calentarnos, haciendo brillar su espalda, destellando agua.
el océano, a veces amenazador y casi siempre inquietante, se torna placenteramente acogedor, incapaz de contener peligro alguno, y hasta adquiere una textura distinta. y se entibia.
mi ojos no pueden ya despegarse de su figura y en medio del silencio -aunque no he dejado de hacerlo, que extraño, no escucho la voz monótona de mi respiración- pareciera que fueran a sonar sus latidos.
durante algunos metros mi cuerpo y el suyo, tan distintos, adquieren un mismo ritmo. sincronía equilibrista. ritmo de mar quieto.
y entonces, vuelo.

27.1.07

lunes de invierno










y llegó el invierno
rotundo
repentino
sin excusas
envolviendo en mareas de agua y sal los caminos,
precipitando, nocturno, universos de estrellas sobre la luna del auto,
como si hubiera andado esperando tu partida para estallar al fin en silencio blanco sobre los campos.

llegó el invierno,
sin excusas
repentino
rotundo
a cubrir de nieve
el despertar de esta mañana sin tus besos.

15.1.07

escribe algo bonito me dice, mientras veo deslizarse su sonrisa por el hueco de la cerradura. y por primera vez durante las últimas semanas de esta primavera clandestina donde los días se agitan a ritmo de vértigo, el tiempo se detiene enredando su aroma de ecualipto y caramelo al humo gris de mi cigarrillo. escribe algo bonito me dice, mientras regresan las horas a la quietud de las miradas junto al fuego y el canto al atardecer de los campos confundidos.
bajo el agua, el pez miraba la luna.
bajo la luna, el pez brillaba en el agua.
bajo la luna del pez, el agua brillaba.
bajo el pez de agua, brillaba la luna.

3.12.06

los secretos del pez luna (v)









nadando inquieto de un lado a otro en el interior de su nueva piel de astronauta, el pez luna no cesaba de preguntarse qué debería llevar en su viaje a las nubes. finalmente sacó aquel espejo de su nave acuática - ¿cómo demonios habría llegado hasta allí? - y lo sustituyó por una funda para sus lentes -era un pez bastante miope- donde las guardaría cuidadosamente cuando llegara el momento: no las necesitaba para ver de cerca; ni desde dentro.

eight days a week

30.11.06

defensa-dehesa

tal vez fuera necesaria la sagacidad de uno de esos sabios conocedores de las más sutiles diferencias entre las hierbas que dan vida a los pastos o la capacidad de adquirir el tamaño de un insecto de aquel curioso naturalista de nuestras tardes de adolescencia para caminar entre los prados de la dehesa en primavera con la emoción con la que se recorren kilómetros de selva. porque en las dehesas, dicen los ojos que saben ver, las voces que cuentan, son tales los matices de la alfombra vegetal que su número sólo es comparable con el de la selva.

tal vez, sólo tal vez. porque mientras una no acaba de acostumbrarse a ver caer el otoño a través de una ventana, a perseguir al lobo, al águila o a la nutria, en latín y letras cursivas, a través de espesas montañas de papel en los que se define, se describe, se recoge, se ordena, se clasifican los montes, la tierra, la gente misma; mientras una no acaba de acostumbrarse a navegar esquivando escolleras de números en busca de algún rastro de esa piedra filosofal que nos permitiera acaso retomar el camino hacia la armonía con la naturaleza... mientras no te acostumbras a todo eso aún puedes regresar, una vez más, a la generosidad de la dehesa: a la compañía de los fresnos centenarios, gigantes mutilados resistiendo tenaces el acoso de las grúas, a la luz de los narcisos sobre el brillo del verde un atardecer, a las voces del agua tras las primeras lluvias, al esfuerzo y la risa cosechando los leños para alimentar la lumbre y dejar paso al ganado, al viento en el rostro y las melodías entonadas al sol mientras recorres la dehesa a ritmo de remolque. porque cuando una no acaba de entender el mundo, pocas cosas hay mejores que cantarle a la vida.

dehesa (del lat. defensa, defendida, acotada)













25.11.06

por amor

no es sólo en días como hoy que las espesas caracolas amarillas de tus cabellos parecieran flotar levemente sobre el transcurrir de mis horas, que agita la memoria el profundo azul de tu mirada esquiva o la indescriptible expresión de tu rostro mientras señalas obsesivamente ese ojo condenado por los golpes a la eterna oscuridad, idéntica, como un calco burlón aplicado a modo de máscara sobre el rostro, a la de muchas mujeres con independencia de que lo señalado sea un ojo, una pierna, la cabeza o el alma.

cada cierto tiempo permito deslizarse casi descuidadamente entre las conversaciones la misma pregunta. la misma respuesta una y otra vez en el transcurso de los últimos meses: nada. idéntica a la del resto de ocasiones en las que renuncias a nuestro mundo y desapareces: nada. nada sabemos de ti hasta tus repentinos regresos de ojos sumergidos en la nada, de menos kilos de carne entre la nada de tu piel y los huesos, de dignidades perdidas -perdida la última vez hasta la melena de tus rizos- que no es posible ya esconder con una sonrisa tras las marcas delatoras de un cuerpo y una mente profundamente magullados o unos labios temblorosos que finalmente tuercen la risa en mueca, estoy muy bien aseguran, mientras gruesas e incontenibles lágrimas se deslizan por las mejillas a punto de alcanzar el cuello. regresos a la falta de entendimiento – mis hijos no me entienden, mi familia no me entiende, amigos no tengo –, hacia la ausencia de respuestas. o acaso fuera una respuesta aquel bajar la vista al suelo cuando te pregunté si es que tú entiendes.

tal vez sea el amor, hoy como ayer y allá donde quiera que estés, tu única respuesta: por amor me enganché a la droga me contabas, por amor los hijos abandonados, la familia descuidada, los amigos y el trabajo perdidos; por amor los gritos, los insultos, los golpes y el hospital, las mentiras, la vergüenza, el silencio, la renuncia. nos amamos tanto, con tanta pasión... por amor la mirada perdida, la ausencia de límites, la pérdida de ti misma, y una nueva oportunidad a la esperanza de un cambio que no llega.

hoy, mientras cientos de mujeres y hombres salen a la calle contra la violencia y los medios exhiben las cifras de las muertes -ninguna cifra de los suicidios inducidos, de las muertes en vida, de las palizas a la estima, de la mente deshecha, de la quiebra de una misma, de las noches en vela, del miedo o la ira – mientras otras tantas o más personas continúan culpando a las mujeres por débiles, cómodas, locas, masoquistas... los libros, las historias, las pantallas siguen reproduciendo sin cesar románticas historias de amor: amorposesión, amordominio, amorcontrol, amordolor, amorsacrificio, amorsinlímites, amorquetodolopuede, amorsinelquelavidacarecedesentido. cuanto mayores los celos, el sufrimiento, la dependencia, más inmenso, triunfal y alabado el amor. seguimos predicando ese amor, seguimos predicando el perdón del borrón y cuenta nueva - con renuncia no expresa a los límites y el aprendizaje que muestran a veces las cuentas mal resueltas - y la libreta de la vida continua devolviéndonos una y otra vez la misma cuenta sin resolver, la misma página desgastada, sucia, rota y dolorida de tanto borrón.




























-buitrago de lozoya. 25 noviembre 2006-